Hoy tocó a la puerta una mujer con una blusa rosa y los párpados pintados de rosa. Tenía en la mano una tabla con un clip gigante con hojas y hojas sostenidas ahí, y una pluma en la otra mano para hacer anotaciones en ellas. Preguntó por mi abuelo. Le pregunté que de parte de quién y con qué asunto. Del seguro social, me dijo. Luego me preguntó que si soy adulto. Supuse que quería decir mayor de edad y le contesté que sí. Respondió como para sí que eso había sido porque no se supone que hable con menores de estos temas. Le pedí una vez más que me aclarara de qué se trataba. Sobre un adeudo, es muy viejo, de 1999. Mi abuelo murió hace casi un año y nunca estuvo afiliado al seguro social. Me pidió el acta de defunción. Entré a la casa a decirle a mi mamá que la buscara en el archivo. Entonces me enteré de que efectivamente, alguna vez mi abuelo se inscribió como patrón cuando construyó la casa en el bosque donde vivió su viudez hasta que estuvo demasiado débil para cuidar de sus pollos, perros y huerta. Dejé que mi madre terminara de tratar con la mujer vestida de rosa y no supe en que quedó lo de los 120 pesos de adeudo.