Volviendo al gusto y la sorpresa de los temas pequeñitos que en la punta de los dedos de un buen reportero se convierten en artículos deliciosos, leí uno sobre la desaparición de la bombilla eléctrica ante la muy ecológica pero nada nostálgica y la más de las veces poco estética tendencia a cambiarlas por lámparas fluorescentes.
Marcos Borregón usa la imagen filmada del entrañable foco incandescente que Stuart Jeffries, inmerso en su lluvioso primer mundo de casimires y corbatas, tan hábilmente ha retratado para nosotros sobre la cabeza de cualquier personaje de caricatura con una idea brillante, esos fósiles de resplandor amarillo que aún viven en el tercer mundo. En su documental, cada burbuja de vidrio y luz identifica a uno de los niños que asisten a “una escuela solidaria creada por profesionales españoles del mundo audiovisual”, según explica el periódico español El País en su página web, donde se lo puede ver íntegro.
