el autómata conoció todas las esferas: las luminosas, las sólidas, las amargas, las fétidas, las firmes, las tersas, las vaporosas, las de agua, las de madera, las de color rosa chillón, rosa pálido, azul, verde, amarillo, las huecas, ñas dulces, ñas complejas, las que producen un eco imperceptible, las que laten como un corazón, las que suspiran por última vez, las ambarinas, las de flogisto, las transparentes, las líquidas, viscosas, las de clave de fa, las estelares, las microscópicas, las temblorosas, las que contienen el viento, la hierba, el aroma de jazmín y el nardo, el sabor de la avellana, y el paté de salmón, la de la ira, la sangre, las contusiones, el odio, el homicidio, la venganza, la de los cabellos largos y el amor imposible, la del paraíso, la del destierro, la de las doscientas sillas sobre una sola pata, la de los moluscos, la del cactus, la del árbol, trópico, ecuador, hoja, insecto, brizna, ave, cuadrúpedo, anfibio, Hombre, la de todo lo visible y lo invisible…
Cuando sintió la última de todas y contempló el vacío, cuando los secretos de cada esfera poblaban su mente y no había ya misterio alguno, no pudo soportarlo y rasgó con su grito la inmensidad eterna:
fiat lux!