Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.
Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mi como una luna en el agua.
¿A quién no la han conquistado diciendo el capítulo siete de rayuela? A quién no, aunque sea de manera momentánea y se arrepienta luego una y no se imagine cómo pudo caer en un truco tan viejo… diciendo el capítulo siete de rayuela al oído, despacito, sobre la grama de un amplio parque y mirando el cielo profundo con sus nubes pocas y blancas.
Al parecer, no a tantas. No, amigas mías, compañeras de Letras con las que compartí en un par de conversaciones casuales la complicidad del capítulo siete y la magia especial de Cortázar, hombre inmenso de R’s guturales. “Como si pog pgmega vez tu boca se entgeabgiega…”. No a tantas, no, según me han dicho otras mujeres en covnersaciones que parece tendrían la misma complicidad que con ustedes. Y no. Me han visto raro, me han dicho que no. Que eso ya no existe y que ni les gustaría. Yo no les creo, porque a mí me gustaba y me gustaría de nuevo, aunque me arrepienta de esos malos ratos después, un poco sonrojada de puro idiota que fui. Jaja. ¿Ustedes qué piensan?