Alguna vez tuve la idea de hacer un estudio de léxico para determinar en qué zonas o qué grupos son los que utilizan, respectivamente, los pronombres “el” y “la” antes de un numeral (en el caso específico de Guadalajara) para referirse, también respectivamente, “al” camión o a “la” ruta. Ejemplos: ¿Por aquí pasa el 626? No, aquí se para la 629.
Bien mirado, con lo inepta que es mi facultad, seguro que me aceptan como tesis esa pequeña investigación que apenas debería servir de dossier para un estudio serio y mucho más amplio.
Pero ése no es el tema de este post. El tema es que debido al cursillo de foto que estoy tomando en Tlaquepaque, he venido conociendo muchísimos nuevos rumbos, calles, avenidas, colonias, zonas enteras de la ciudad. Y por supuesto, rutas de camión que se pasean por aquellos lares.
En una de esas novísimas rutas para mí, hoy no dejé de sorprenderme desde que pagué con mi transvale rosado y me interné en la marisma de gente. Lo primero en impactarme fue ver a varias personas de edad avanzada de pie mientras los asientos estaban atiborrados, incluyendo los preferenciales. Con el común disgusto que me causa el irrespeto por dichos asientos amarillos y otras tantas normas sociales, miré en esa dirección para observar a sus ocupantes. Y ¡oh! ¡también eran ancianos! Y en los demás asientos ¡también había muchos ancianos! Lo cual resulta curioso en un país cuya población es mayormente jovencita. Algún azar incomprensible, supongo.
Y eso no es todo: mientras miraba por la ventanilla los paisajes insólitos, dos señores sesentones discutían a todo pulmón en pro y en contra del PRD y AMLO. En algún momento de la tertulia tocaron el tema del aborto, sucitando otras conversaciones y varios cuchicheos entre el resto de los pasajeros, que de por sí estaban muy entretenidos en observar el intercambio de exclamaciones en alta voz.
Lo más impresionante, sin embargo, fue escuchar luego de un señor apostado cerca de mí decirle a su mujer algo como:
Ps’ ahorita discuten de partidos polítos. ‘Ta bien. Otra cosa va a ser cuando discutan de la guerrilla… porque ‘orita es cerrar calles y andar con sus letreros afuera del congreso, pero ps’ eso no sirve. Nomás te cierran la puerta y ya no te oyen. A ellos nos les importa. Nos van a tener miedo cuando andemos por la sierra, ahí sí van a ver. Al fin que es más calientito morirse con una bala en el estómago que morirse de hambre.
Entonces el camión llegó a una acera familiar. Bajó un oficinista con su carterita de falsa piel y sus zapatos negros bien boleados, muchachas con mechones güeros y cejas pintadas a lápiz, señoras con batas de colores y chanclas de plástico, un indígena añoso de ojos profundos cargado de bultos hasta la inverosimilitud, y yo, con mi mochila roja y mi cabeza atónita.
Lima, 1993
Huelga general del sindicato de maestros, se pierde un año de clases, el gobierno mata al secretario general del central general de trabajadores del Perú. Desaparecen estudiantes, seguridad del estado es la principal sospechosa, el ejercito se mete a una fiesta vecinal y acribilla a los participantes, incluidos niños. El argumento: Probablemente habian terroristas infiltrados.
Lima, 2003
Nada ha cambiado, mi hermano es asesinado por un comando terrorista para robar los explosivos del convoy minero del que era responsable. Fujimori esta profugo, Montesinos esta capturado en una prision naval.
El gobierno no hace nada para reparar el daño que su antecesor provocó.
Y creeme, seguimos teniendo miedo, ya no a las balas por que eso ya paso, pero si algo que pueda resultar peor.
Estos son tiempos para estar atónitos.
Oye que padre entrada! me imaginé perfecto en el camión. Espero publiques más de tus fotos. Sigue disfrutando del verano